martes, 25 de noviembre de 2014

Día Naranja



En ocasiones me preguntan ¿por qué me volví feminista?, y me gusta creer que nací siendo feminista, pero la verdad es que a mi corta edad casi llegando a un cuarto de siglo puedo decir que la vida me ha dado los tropiezos, las energías, las alegrías y sobretodo he conocido a grandes mujeres que me han empoderado, pero también he conocido a mujeres como las que no quiero ser.
Hoy día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la mujer, recuerdo muy bien como inicio esta lucha y ganas de ser, mi falta de tolerancia hacia la violencia que seamos sinceras, todas absolutamente todas hemos sido violentadas, desde el hacer o dejar de hacer algo por que se es mujer, comentar, vestir, decir, actuar por el hecho de simplemente ser mujer, y claro, lo más doloroso cuando se llega al golpe, la agresión física y la muerte.
Conocí muchos casos de violencia cuando realice prácticas y apoyo en una bella asociación, la única que se encarga de dar asesoría, un hogar a mujeres y sus hijos pero sobretodo y lo más importante empoderamiento.
Las que hablamos de poner un alto a la violencia creo que muchas veces nos paraliza la misma violencia, hace no mucho me toco un caso de violencia en la vía pública, me sorprendió que mi pareja detuvo el vehículo y se fue a detener al “señor” que golpeaba a la mujer, mientras yo hablaba a los servicios de emergencia,  tuve que correr tras la señora que estaba embarazada y llevaba a dos pequeños, ¿qué se hace cuando tienes frente a ti a una mujer alterada?, la abrace.
Y antes mucho antes de lo que conté líneas arriba, me tocó asesorar a otra mujer muy importante en mi vida, pero el resultado aunque no fue la separación, si fue la construcción de una mujer empoderada de la que hoy estoy sumamente orgullosa.
Hoy Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la mujer, me doy cuenta que el trabajo se está haciendo, que son cada vez más los actores políticos, empresarios,  del medio artístico, entre otros que buscan detener cualquier forma de violencia.
Aun así falta mucho, en el 2011 según información del Instituto Nacional de Estadística y geografía, 63 de cada 100 mujeres de 15 años y más declararon haber padecido algún tipo de violencia, 32% de las mujeres han padecido violencia sexual, fue el 17 de diciembre de 1999 cuando la Organización de las Naciones Unidas declaro el 25 de noviembre como Día Internacional de la Eliminación contra la violencia a la mujer. 
 El trabajo se hace y falta, no es solo cuestión de que los hombres no golpeen o controlen sus impulsos, no es solo trabajo de que las mujeres identifiquen que están siendo violentadas y sepan a dónde acudir y conozcan sus derechos,  es también trabajo de las autoridades de crear verdaderos protocolos que apoyen de manera inmediata a mujeres y sus hijos, a niñas y jovencitas que sufren violencia, es necesario sensibilizar a los elementos policiacos, a los que atienden ese tipo de casos en que la violencia es de por sí muy fuerte como para re victimizar, es necesario campañas de prevención por que la única manera de no ser víctima es prevenir.
Hoy 25 de noviembre me visto de naranja en recuerdo de todas aquellas que han perdido la vida en manos de la violencia, me solidarizo con las que han superado la violencia y apoyo a esta gran campaña y digo ¡ya basta de violencia!.



@AngieConter

lunes, 10 de noviembre de 2014

Nuestro propio techo de cristal

Ninguna nación se ha elevado por
Encima del nivel de sus mujeres
Margaret Sangster

No descubrí el hilo negro, pero si el problema de las mujeres de mi generación: hacemos mucho. No importa si es labora, personal, de pareja, realizamos trabajo humanitario, nos solidarizamos con causas, cuidamos a los hijos o hermanos más pequeños,  somos políticas en casa, colonia, en la escuela  o militamos en algún partido, salimos con las amigas, procuramos a la familia, organizamos reuniones y eventos, siempre tenemos algo que hacer.
¡Y sí!, siempre hay algo que hacer, cargamos en nuestras espaldas una agenda de pendientes, convivimos con ella desde muy temprano, pero es que simplemente muchas son y somos así.
Las mujeres debemos y podemos hacer de nuestras vidas lo que queramos para nuestro desarrollo profesional y personal,  no es que nos guste hacer todo, pero las mujeres de mi generación hemos crecido con las ganas de comernos al mundo, de no pasar desapercibidas por la historia y no quedar como tantas mujeres, heroínas o villanas anónimas que han ayudado a escribir la historia de nuestro país.
Nos queremos comer el mundo eso es cierto,  somos en muchos casos “el ajonjolí de todos los moles”, pero crecimos en una sociedad que nos decía que para ser vistas tenemos que ser más altas, hablar más fuerte, opinar más y trabajar más duro, la verdad así ha sido, en la mayoría de los casos (no en todos) aún nos tocó ese control paternalista en nuestros hogares donde la participación activa fuera del hogar era impensable para una mujer.
El problema radica que nosotras nos volvemos nuestro propio techo de cristal, la doble o triple jornada, el intercalar los tiempos y los pendientes, acaban con nuestra vida familiar y sentimental. Hemos salido de esa vida privada, para enfrentar una vida pública que nos exige más, trabajar, cuidar casa, ejercitarse, procurar las amistades y siempre con una sonrisa. Llegamos a ese momento en que la presión de la pareja o de la familia es tanta que nos preguntamos ¿lo qué hacemos vale la pena?, ¿tanto tiempo para qué?, por que al final si no hacemos una cosa u otra bien o decidimos posponer otra (como el matrimonio o los hijos) somos malas mujeres que no atendemos nuestras responsabilidades como “mujer”.
Es irónico no creen, pedimos salir y al salir nos encontramos con esto, nuestras propias ganas de superarnos se ven coartadas por intentar ser “buena”, en intentar ajustar nuestros tiempos, en desahogar pendientes, en hacer como que no escuchamos el teléfono en plena cita.
El rol que hemos asumido en la sociedad nos da muchos beneficios pero también tristezas, debemos saber combinar ambas cosas y sobretodo contar con el apoyo de nuestras parejas o familia, no es que tengamos que dejar de hacer o sacrificar, pero debemos saber mezclar lo mejor de ambos y darle prioridad a las cosas.
Queremos romper ese techo de cristal que nos formamos nosotras mismas, por que ser mujer y ser feminista no implica sacrificios.



@AngieConter

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