lunes, 10 de noviembre de 2014

Nuestro propio techo de cristal

Ninguna nación se ha elevado por
Encima del nivel de sus mujeres
Margaret Sangster

No descubrí el hilo negro, pero si el problema de las mujeres de mi generación: hacemos mucho. No importa si es labora, personal, de pareja, realizamos trabajo humanitario, nos solidarizamos con causas, cuidamos a los hijos o hermanos más pequeños,  somos políticas en casa, colonia, en la escuela  o militamos en algún partido, salimos con las amigas, procuramos a la familia, organizamos reuniones y eventos, siempre tenemos algo que hacer.
¡Y sí!, siempre hay algo que hacer, cargamos en nuestras espaldas una agenda de pendientes, convivimos con ella desde muy temprano, pero es que simplemente muchas son y somos así.
Las mujeres debemos y podemos hacer de nuestras vidas lo que queramos para nuestro desarrollo profesional y personal,  no es que nos guste hacer todo, pero las mujeres de mi generación hemos crecido con las ganas de comernos al mundo, de no pasar desapercibidas por la historia y no quedar como tantas mujeres, heroínas o villanas anónimas que han ayudado a escribir la historia de nuestro país.
Nos queremos comer el mundo eso es cierto,  somos en muchos casos “el ajonjolí de todos los moles”, pero crecimos en una sociedad que nos decía que para ser vistas tenemos que ser más altas, hablar más fuerte, opinar más y trabajar más duro, la verdad así ha sido, en la mayoría de los casos (no en todos) aún nos tocó ese control paternalista en nuestros hogares donde la participación activa fuera del hogar era impensable para una mujer.
El problema radica que nosotras nos volvemos nuestro propio techo de cristal, la doble o triple jornada, el intercalar los tiempos y los pendientes, acaban con nuestra vida familiar y sentimental. Hemos salido de esa vida privada, para enfrentar una vida pública que nos exige más, trabajar, cuidar casa, ejercitarse, procurar las amistades y siempre con una sonrisa. Llegamos a ese momento en que la presión de la pareja o de la familia es tanta que nos preguntamos ¿lo qué hacemos vale la pena?, ¿tanto tiempo para qué?, por que al final si no hacemos una cosa u otra bien o decidimos posponer otra (como el matrimonio o los hijos) somos malas mujeres que no atendemos nuestras responsabilidades como “mujer”.
Es irónico no creen, pedimos salir y al salir nos encontramos con esto, nuestras propias ganas de superarnos se ven coartadas por intentar ser “buena”, en intentar ajustar nuestros tiempos, en desahogar pendientes, en hacer como que no escuchamos el teléfono en plena cita.
El rol que hemos asumido en la sociedad nos da muchos beneficios pero también tristezas, debemos saber combinar ambas cosas y sobretodo contar con el apoyo de nuestras parejas o familia, no es que tengamos que dejar de hacer o sacrificar, pero debemos saber mezclar lo mejor de ambos y darle prioridad a las cosas.
Queremos romper ese techo de cristal que nos formamos nosotras mismas, por que ser mujer y ser feminista no implica sacrificios.



@AngieConter

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