lunes, 4 de enero de 2016

El último y el primero. Entre callejuelas e historia, la bella Guanajuato

Me enamoré de Guanajuato cuándo tenía 17 años, fue en el viaje de fin de curso de la preparatoria, acababa de pasar el Cervantino así que encontré esa pequeña ciudad con el ajetreo de las fiestas, color y la magia del Quijote. Por distintos motivos no había podido volver a perderme entre sus callejones y subir los interminables escalones, el 2015 me dejo varios viajes y sabía que el último de ese año y el primero del 2016 debía de ser en ese bello estado que me había enamorado cuándo joven.

Cómo no sabía si iba a tener vacaciones no había hecho planes para salir entre las festividades de invierno, cuándo me avisaron de tan buenas noticias, Guanajuato fue mi primera opción, realizaría un corto viaje de dos días a esas tierras, lo primero que hice fue buscar hotel pero ya era muy tarde, quince llamadas para encontrar un espacio en un hotel a 15 minutos del centro, posteriormente el camión, tendría que salir a las 6am.

Un día antes de mi viaje, sucedió uno de esos percances en mi trabajo que hace que te cuestiones todo, estuve a punto de cancelarlo y unos nervios tremendos me entraron por el hecho de viajar sola, no es la primera vez que viajo sola, pero el momento previó a la aventura siempre me resulta retador.

Llegue sin percances a Guanajuato, bolsa y maleta en mano, un clima bastante acogedor (llevaba varios suéteres por si las dudas), me instale en el pequeño pero cómodo hotel “Posada el Quijote” y dio inicio la aventura.

Antes de salir de casa tenía ya una ruta de lugares que visitar, en google maps marque los lugares para no perderme y busque referencias sobre los mejores lugares para comer, el resultado:

El primer día llegue a desayunar al “Café Valadez”, que esta enfrente del Teatro Juárez, entonces si llegas temprano puedes desayunar con la vista del teatro o del Jardín Unión, aunque el lugar puede parecer muy elegante, los precios se comparan con un desayuno en Samborns, pero en Valadez se come mejor, deben probar las enchiladas “Diego Rivera”. Posteriormente visite el Teatro Juárez que es una verdadera joya del porfiriato, este no es un museo, es un teatro que ofrece funciones pero los turistas gustan de visitar, el Jardín Unión que esta rodeado de diferentes opciones para comer,  una de las ventajas del jardín es que pueden comprar boletos para recorridos y para las callejuelas.

Posteriormente visite el Museo Iconográfico de Don Quijote, que tiene obras en diferentes técnicas dónde se plasma al Quijote y demás personajes, un museo único y sin duda muy especial. El recorrido siguió en: Basílica de nuestra señora de Guanajuato, la presidencia municipal, congreso del Estado, Universidad de Guanajuato y sus 80 escalones (hay que subirlos corriendo para bajar el desayuno), el Popular Mercado Hidalgo (que por su fachada también de la época de Porfirio no parece mercado), la plaza del primer Cervantino y la Alhóndiga de Granaditas, de este popular museo que narra la historia regional de Guanajuato rescato sus murales y la historia del edificio en la Revolución.

Para comer la visita obligatoria es el Truco 7, no lleguen con mucha hambre por que siempre hay fila de espera, pero vale la pena. Regresé un rato al hotel para cambiarme y refrescar mis pies, los zapatos cómodos son obligatorios.

No se puede decir que visitaron Guanajuato si no van a una Callejoneada, son muchos los que ofrecen este recorrido, y es muy divertido, se va caminando, subiendo y bajando entre los callejones característicos de la ciudad mientras se canta y se cuentan historias de la ciudad, para terminar en el callejón del beso. Esa noche termine cenando en el Canastillo de las Flores frente a la Plaza de la Paz que esta frente a la Basílica de nuestra Señora de Guanajuato, debo confesar que el lugar no me agrado, tardaron mucho en darse cuenta que estaba esperando la carta y la salsa del Pozole Verde tenía mal sabor.

La mañana siguiente desayune en el Hotel Posada Santa Fe, los huevos especialidad de la casa este hotel esta en el Jardín Unión, posteriormente compre un boleto para un tour guiado a varios lugares de Guanajuato, mientras esperaba compre fresas cristalizadas (sobre las fresas las recuerdo perfectamente por mi madre, tenía una tienda de dulces y eran sus preferidas), cerveza artesanal a base de miel, me tome un café y visite el Templo de la Compañía que es un templo enorme donado por los mineros de la época, es muy bello, con grandes columnas y muros, este templo tienen una pinacoteca que muestra las obras de arte religiosas más representativas de la época.

Debo decir que les recomiendo los tour guiados, al menos el viejito que me convenció a mi era un pintoresco guía turístico que nos subió a una combi verde y nos iba explicando todo lo que encontraba a su paso de las calles céntricas, visitamos: el museo de los lamentos, el de la Inquisición, la Mina el Nopal y el Mirador del Pípila, los dos primeros museos son una verdadera risa, recuerdo al Museo de la Inquisición de mejor calidad cuando lo visite a los diecisiete años.

Estar en el mirador del Pípila es maravilloso, ver el estado desde esa altura es fantástico, desde la cima se ven gloriosos la Basílica y la Universidad de Guanajuato, las casas de muros de colores que tapizan las faldas de los cerros, y en el centro resguardado por casas, cerros y la vista del Pípila se esconde Guanajuato, el tour dura poco más de tres horas, al terminar llegue a comer al Gallo Pitagórico, al que se accede después de subir varios (muchos) escalones por lo que se llega con más hambre, la atención del personal es muy buena y el lugar es un rustico sitio azul.

Mi viaje no solo eran vacaciones, debía encontrarme a mi entre los callejones, hacer un viaje sola siempre implica retos y aventuras, me encanta perderme y tener que recurrir a seguir mis pasos atrás, preguntar o dejarme llevar por las calles, el silencio que se hace a mi alrededor, escuchar mi voz o quedarme en la nada, mirando y disfrutando.

Uno de los problemas de viajar es la hora de comer, los restaurantes no tienen ese lugar para los que van solos a disfrutar de los alimentos, siempre y en todos lados se me quedan viendo de manera rara, y no, no es que sea individualista, me encanta la compañía de las personas pero los viajes individuales son muy reveladores.

Sigo enamorada de Guanajuato, de sus fresas, enchiladas, callejones y como el Quijote, figura emblemática de esta ciudad seguiré buscando gigantes para luchar contra ellos y dejar que los perros ladren.

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