Carta de mi (ex) acosador, segunda parte


“Hay noches que aún vives en mis sueños”, me escribió y no conteste.

 

Esa mañana había atendido varias llamadas, estaba en la oficina con una taza de café, la computadora encendida y varios pendientes, volvió  sonar el celular:

 

-Bueno

-Bueno, no me cuelgues, no te quito mucho tiempo

 

Del otro lado del teléfono esa voz que no recordaba, de un brinco me levante de mi lugar para cerciorarme que no estuviera afuera de la oficina, nada, un frío invadió mi cuerpo, no sabía que decir, que hacer, el continuaba…

 

-no me cuelgues, solo quiero decirte que te extraño mucho y te sigo amando

-….ahh… bye

 

Durante unos minutos me quede en el pasillo con el teléfono en la mano y mucho frió, las piernas me temblaban, no lo creía capaz de volverme a llamar, pero lo hizo y lo hizo de un número que no tenia registrado.

No supe que hacer. 

Regresé  mi lugar, me serví otra taza de café e intente continuar con mi día, era la una de la tarde, aún quedaba mucho por hacer, pero yo ya no me sentía segura, recibí otras llamadas después de la de él, cosas del trabajo, cada que la pantalla se iluminaba dudaba en contestar, podría ser él otra vez.

Un par de horas después llegó un correo:

 

No, no tengo tu número registradoTampoco te tengo en redes sociales,Pero aún guardo en mi memoria varias cosasTus rizos,Tus múltiples sonrisasLa sonrisa cuando algo no te pareceLa sonrisa cuando algo te hace felizLa sonrisa cuando quieres aparentar inocencia.Hay varias cosas que guardo en mi memoria.Entre ellas tu número de teléfono.

Si no nos hubiéramos separado hace ya tanto tiempo, serian unas líneas muy románticas, pero no lo eran, en cada línea que me escribía estaba esa tensión de obligarme a regresar a algo que no quiero.

Hace ya años, cuando las cosas no marchaban bien, le dije que no me obligara a amarlo, pero el chantaje emocional se imponía, ¿Qué haré sin ti?, ¡Sin ti no soy nadie!.

¿Por qué debo cambiar yo?, por qué debo cambiar de celular, de correo, de domicilio, de lugares que frecuento para no verlo, para no toparme con él y lo que fue no me hagan daño.

Cada vez que aparece me perturba, reaparecen las sombras del pasado que me traen los malos recuerdos, la sensación de vulnerabilidad, pero no estimado lector, no el sentimiento de “lo extraño”, ese desapareció hace mucho, es miedo, angustia, preocupación.

Lamentablemente nos han dicho que está bien, que el amor es sufrir, que debemos sufrir por amor y aceptar lo que venga, porque así es el amor.

Nos han dicho que debemos calmarnos y aceptar esas “pruebas de amor” porque esos detalles de locura es traerlos “en la palma de la mano”, “deberías estar agradecida mijita lo traes loquito por ti”, diría una de mis tías.

¡No!, eso no es vida.

 

Esa madrugaba estaba atravesando la carretera, llegó a mi correo sus palabras, su justificación a todo esto, él dice que es su manera de desintoxicarse, como se desintoxican de las drogas, se desintoxica escribiéndome.
Esa madrugada escribió:

“puedo escribir un poema libre que describa como mis zapatos a veces me piden a gritos correr hacia ti, u otro de mis brazos y la sensación horrible por la ansiedad de querer abrazarte, se cierran en puños y mis codos se arquean ante la ansiedad, pero no tengo la certeza de que me leas, así que me limitaré a seguir escribiendo así, libremente, esperando que tenga algún sentido en cualquier línea.”

Nos han enseñado que debemos aceptar lo que venga, las pruebas del amor romántico son un ejemplo de ello, debemos de hacer, aceptar y callar si no nos gusta, porque de lo contrario se puede ir, y estar solo es estar mal.
No, no voy a cambiar mi número, ni mi correo, ni mi domicilio, no por él ni para él.

No, no deberíamos tener miedo, pero yo aún lo tengo cada que veo en la bandeja de correo un mensaje de él.
Ahora hasta Telcel lo busca, no actualizó la información de contacto y me marcan para que le haga llegar un mensaje, que casualidad.

Las invito a que denuncien, a que exhiban a ese acosador, porque no podemos permitirles que se salgan con la suya y perturben lo más preciado que tenemos: nuestra vida.

Seguiré escribiendo del tema, no sé que pase primero, pero no puedo guardar silencio.


No estamos solas

 

 

 

 

 

 


 

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