lunes, 12 de junio de 2017

Entre marchas y manifestaciones, Cañada vive!


Durante semanas las normalistas tomaron las calles, iniciaron parándose frente a las puertas de Palacio de Gobierno Estatal con pancartas en silencio, las ignoraron, siguieron, marcharon, levantaron la voz, tomaron calles, cerraron otras e hicieron que locales y autoridades municipales y estatales cerraran sus negocios por ellas iban  pasar.

Lo peor de todo son los discursos de odio contra ellas que incitaban a la violencia (ir a quemar la Norma, quemarlas vivas, golpearlas), se ha dicho que “esas no son señoritas”, “las mujeres de Aguascalientes no hacen esas cosas”, se ha juzgado su sexo-género por su comportamiento y en las fotos “no están tan buenas”, “parecen hombres”, “marimachas”, no es una pasarela de modas para que vengan  juzgar si les gusta o no, mucho menos a decir si su comportamiento es el adecuado para una “señorita”. 

Un miedo profundo que se propago en la sociedad, mi madre me marco muy apurada al celular para saber dónde estaba, le había llegado el chisme de que todo el centro era un caos (yo trabajo en el centro) y estaba angustiada, sí, habían pasado policías “advirtiendo” que las normalistas ya venían…

Bailaron frente a Palacio de Gobierno para manifestarse.

En Aguascalientes, el estado de la gente buena, somos así de buenos y de indiferentes, vivimos en una calma de provincia una que también queremos ver en las manifestaciones y marchas. Y no solo eso, cualquier cosa (evento, actitud) que salga de esa tranquilidad establecida es mal vista.


No hablo en vano, he salido de esa comodidad muchas veces a marchar y acompañar marchas, automáticamente eres etiquetado como “rebelde”, “revolucionario”, “raro” y un sinfín de sinónimos, pero somos esos que se quejan cuando la gente no ve que eso que nos afecta nos afecta a todos, por ejemplo las movilizaciones contra la violencia machista.

Las marchas, las movilizaciones de gente, las mantas y consignas son legitimas y un derecho de las personas, cierran calles es un grito físico de insatisfacción hacia lo que nos quieren decir que está bien, sí estoy de acuerdo es molesto, es cansado, llegan tarde a sus trabajos y con este calor es aun más insoportable, pero en verdad estamos dispuestos a soportar malas acciones y prácticas de los gobiernos.

No, no podemos condicionar las marchas, “¿deberían pedir permiso?”, “¿deberían marchar sin cerrar calles?”, ¿qué marchen sin hacer tanto ruido?”, que les parece que hagamos una ventanilla de “marchas” llenan documentos, completan el papeleo y entonces pueden marchar, exacto suena absurdo. Las marchas y las pintas, las calcas, los carteles, mantas son un grito para apropiarse de la libertad de expresión, de ejercerla y una forma de expresarle a los gobiernos y poderosos que no están de acuerdo con las prácticas, una forma de decir que están cansados.

Una de las peticiones era que la Normal Justo Sierra se mantuviera para mujeres, y estoy completamente de acuerdo con eso.

Cuando hablamos de feminismo, siempre pensamos además en un estándar de mujer privilegiada, la mujer blanca, acomodada con acceso a estudios y cierta solvencia económica que le permite leer, viajar, las normales de mujeres vienen a dar una oportunidad a un sector que es discriminado: mujeres, campesinas y de escasos recursos.

¿Acaso ellas no merecen recibir una educación?, ¿acaso ellas no pueden soñar en un mejor futuro?, o es que la educación como medio de empoderamiento sigue siendo tan complicado.

Ese discurso de que la educación debe ser equitativa y por eso deben de aceptar a hombres es una falsedad, cuando los hombres (género y sexo masculino) han contado con privilegios y las mujeres piden el acceso: las apartan, juzgan de locas o crean escuelas para “señoritas” porque la educación si es diferente para hombres y mujeres, y eso lo han dictado los hombres.

Las escuelas normales además crean comunidad y hermandad, el apoyo que reciben de otras normales es increíble, y aunque muchos de los lectorexs creerán que justifico la violencia o los actos de vandalismo no, no lo hago, creo que como en todo movimiento se debe controlar quienes participen para que esas acciones no deslegitimen el movimiento.

Las normalistas de Cañada Honda nos han dado un duro ejemplo, que no dejamos de ser ese estado que se queda quieto, la lucha de un sector o grupo debería ser la lucha de todxs.

Les invito a leer dos textos maravillosos sobre el tema:


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